Mis primeras palabras  cuando vi  por primera vez  a Pedro García Aguado “Que grande eres”  Además de  gran conocedor del mundo juvenil y  de cómo ganarle  la batalla a los hábitos y  comportamientos destructivos,  relacionados con el consumo y abuso  de sustancias.

 

 Admiro en Pedro su capacidad de escucha empática, su gran solidaridad  y plena  dedicación a los jóvenes y a sus familias, especialmente a las que  pasan por   experiencias difíciles y  de las que no saben cómo escapar. Verdaderas historia que marcan e impactan y que tuvimos la oportunidad de conocer, y de saber que hasta las peores situaciones familiares, tienen solución,   gracias a la labor  de Pedro García Aguado, protagonista  principal  en “Hermano Mayor”,  dónde ha logrado ayudar a los jóvenes a tomar las riendas de su vida y a sus familias a vivir en paz.

En Pedro, es un corazón grande,  se percibe  desde el primer momento, esa energía especial que transmite. Si mi primera impresión fue  su altura, lo siguiente  sería su sencillez, su cercanía,  la profundidad de su mirada, su serenidad y  su talante cercano.

 Me viene a la memoria, ese pensamiento de  “lo que no te mata te hace fuertes”  Creo que su historia y su experiencia,  le ha dado a Pedro esa fortaleza,  esa  humanidad  y  esa  sabiduría que da la experiencia, y que él ha tomado como misión , dedicado al servicio de las personas  y de las familias,   a las que comparte su historia y su lucha por salir adelante,   facilitando su orientación y ayuda a los pasan por situaciones similares a la suya.

Conocí a Pedro en uno de sus encuentros con jóvenes, y pasados unos años de aquella experiencia,  sigo diciendo recordando aquella experiencia, sigo diciendo: que grande  eres Pedro! y como podéis imaginar,  no me refiero  a  su altura, sino a lo gran calidad humana,  a  su forma de transmitir a los  adolescentes  y  familias. Me sigue conmoviendo su habilidad para conectar con los jóvenes, su forma de abordar los más graves conflictos familiares, su manera de hacemos conscientes de la  necesidad de poner  de  límites, la importancia de dar amor incondicional.  Reflexiones sobre cómo   la permisividad sin límites, genera comportamientos descontrolados, provoca agresividad, que en algunos casos ha llegado a una situación de violencia insostenible para una  convivencia sana.  Tomar consciencia de ese efecto “bola de nieve”  que se va haciendo más grande, en forma de  trastornos de conducta, fracaso escolar,  violencia verbal y física , uso y abuso en el  consumo de sustancias, situaciones que  conforman un triste escenario  de vida, para buen número de familias ,  que les   han llevado a sentirse impotentes, y a   formar parte de esas    “familias al  límite” que piden ayuda .

 No debemos olvidar que educar requiere de normas y de límites y al  mismo tiempo de amor incondicional. Educar es dedicar, tiempo, esfuerzo y comprensión,  que nunca ha de faltar  y siempre un tiempo de calidad y  momentos de dedicación.

 No rendirnos,  por muy difícil que sea la situación, estar siempre abiertos a la comprensión.  Estar disponibles para ser esos  guías accesibles para   jóvenes, en todos los casos, y muy  especialmente a los que han tomado en el camino del consumo, a los que  el desarraigo familiar y  la violencia, les han cambiado de forma radical,  entrando en una espiral de descontrol,  un cúmulo de hábitos tóxicos, que  hacen  imposible la vida y la convivencia. Acompañar  a estos jóvenes que han perdido el rumbo, mostrarles que en la vida no sirve el   atajo fácil, que la  satisfacción inmediata es  una pésima compañera de vida, que todo abuso,  al final pasa  factura, que  saltarse determinados límites, acaba en amargas experiencia  que causan gran dolor.

  Urge tomar consciencia, poner de nuestra parte, prevenir más que curar,  crear  escenarios alternativos, ante  situaciones de violencia, amenazas, miedo  y  descontrol.  Enseñar a gestionar la  frustración, aprender a aceptar la negación,  saber decir no, no responder  ante exigencias desmedidas. No podemos transmitir que vale  la ley del mínimo esfuerzo,  porque eso   nos llevará   a  la deriva,  arrastrando a  las  familias,  a la forma más dura de supervivencia que el ser humano puede experimentar, que es   vivir con  miedo.

Reflexionar sobre qué nos lleva episodios de descontrol. Actuar ante comportamientos   cargados de violencia,  donde el  respeto y la  dignidad, son moneda de cambio en manos de  personas  tiranas.

Los padre y madres queremos lo mejor para nuestros hijos, y ese deseo convive con la  inquietud  de “hacerlo bien”. Dudamos, y  a veces nos  cuesta ejercer la autoridad, poner límites,  exigir compromiso y  responsabilidad a nuestros hijos. Puede que hayamos tenido una educación autoritaria, donde solo contaba obecer y acatar  las reglas impuestas sin más.  Es posible, y con la mejor  intención, hemos  querido compensar en aquello que nosotros no tuvimos, darles a nuestros-as hijos-as  más y mejor, y en este darlo todo, hay que fijar límites, evitar los  extremos de la permisividad en nuestro papel como padres, madres. Entre ser  autoritarios  y ser permisivos, existe otras formar  eficaces para educar.

 Necesitamos nuevos  modelos educativos,  más acorde con el presente,  basados en el respeto,  el compromiso y la responsabilidad. Una educación basada en valores significativos. Modelos de aprendizaje con inteligencia emocional. Todo está en cómo queremos que sea nuestras contribución, nuestra huella en el desarrollo  de nuestros hijos, para ir construyéndose a sí mismos.

Enseñarles desde pequeños el valor de los compromisos, la importancia de la responsabilidad, la necesidad  del esfuerzo para el logro. Es nuestra misión principal, dotarles de recursos  para que sepan buscar su mayor felicidad. Apoyarles para afrontar la frustración  y  la adversidad en la  vida. Ayudarles a descubrir formas sanas   de disfrutar,  sin necesidad de consumir y abusar de  sustancias. Los padres y madres hemos de tener recursos eficaces  para poder educar y eso es un aprendizaje que  se puede desarrollar.

GRACIAS!!!  Pedro García Aguado  por  la gran labor que haces con los jóvenes y sus familias.

Sara Cobos

Coach Profesional y de Familias.